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sábado, 16 de febrero de 2008

Literatura: Ponche de ácido lisergico; Tom Wolfe




<<... Cuando Cassady falla nunca es por accidente. Está diciéndonos algo. Está sucediendo algo en el ambiente, algo está entrando en tensión, hay malas vibraciones y quiere disiparlas.>> Y se lo creen. Todo en la vida de una persona tiene... sentido. Y todo el mundo se pone en guardia, y trata de descifrar los significados. Y las vibraciones. Las vibraciones nunca tienen fin. Algunos días después, estaba yo en Haight-Ashbury con un chico -no era un bromista; pertenecía a otro grupo comunal-, y el chico intentaba abrir un viejo secreter, de esos que al abrirlos despliegan un tablero donde se puede escribir, y al hacerlo se pellizcó un dedo con una bisagra. Y en lugar de decir "ay, mierda" o algo por el estilo, el incidente se convierte en una parábola de la vida, y dice:
-Es típico. ¿Lo ves? Hasta el pobre tipo que diseñó este mueble estaba jugando al juego que querían que jugara. ¿Ves cómo está diseñado, cómo se abre hacia afuera? Siempre hacia el exterior, hacia..., tiene que ser hacia el exterior, hacia tu vida, la vieja cantinela de la arremetida, ¿entiendes? La gente ni siquiera piensa en ello, ¿entiendes? Así es como se diseñan las cosas, y tú estás aquí y ellos están allí y van a seguir arremetiendo contra ti. ¿Ves aquella mesa de cocina? -A través del hueco de la puerta vemos una vieja mesa de cocina de tablero esmaltado-. Pues su diseño es mejor. De veras. Es mejor que toda esta mierda llena de adornos; quiero decir que comprendo esa mesa de cocina, porque está toda ella ahí, entera, ¿entiendes? Está ahí para recibir, de eso se trata, es pasiva, porque, además, ¿qué diablos es una mesa? Freud decía que una mesa es simbólicamente una mujer con las piernas abiertas, lista para follar, en sueños, ¿entiendes? ¿Y de qué es símbolo esto? -dice señalando el secreter-. Símbolo de jódete", de que te jodas, ¿entiendes?
Y sigue así un buen rato, hasta que me entran ganas de ponerle la mano en el hombro y decirle que se deje de gilipolleces y se olvide del asunto.
Pero, en fin, es un discrurso que no para. Todos están atentos al más mínimo incidente para convertirlo inmediatamente en metáfora de la vida. La vida de cada cual se vuelve en todo momento más fabulosa que el más fabuloso de los libros. Es un camelo, maldita sea..., pero místico..., y al cabo de un tiempo empieza a contaminarte, como una picazón, como una roséola.

extracto do libro Ponche de ácido lisergico de Tom Wolfe

lunes, 7 de enero de 2008

Literatura: Rayuela; Julio Cortázar



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

extracto da obra Rayuela, de Julio Cortázar

miércoles, 29 de agosto de 2007

Literatura: Siddhartha, Hermann Hesse



Miró a su alrededor como si viera el mundo por primera vez. ¡Qué hermoso era aquel mundo! Variado, extraño y enigmático: azul aquí, amarillo y verde más allá; las nubes se deslizaban como el río; el bosque y las montañas conjugaban su estática belleza: todo era misterioso y mágico. Y en medio de todo esto, él, Siddhartha, despierto ya, se ponía en marcha hacia sí mismo. Y todas esas cosas, aquel azul y amarillo, el río y el bosque, penetraron por vez primera en los ojos de Siddhartha: ya no eran los hechizos de Mara, no eran ya el velo de Maya, dejaron de ser la absurda y contingente multiplicidad del mundo de las apariencias, indigna de los profundos pensamientos del brahmán, que las desprecia y sólo busca la unidad. Para él, ahora, el azul era azul y el río era río; y aunque en el azul y el río vistos por Siddhartha subsistiera, latente la idea de unidad y de divinidad, no era menos representativo de la condición divina el ser aquí amarillo, ahí azul, más allá cielo y bosque, y aquí otra vez Siddhartha. El sentido y la esencia no se hallaban en algún lugar tras de las cosas, sino en ellas mismas, en todo.



estracto do libro Siddhartha de Hermann Hesse

lunes, 30 de julio de 2007

Poesía



Danzar, dancei.

Foi unha entrega a ti. E non estabas.
Seducín a túa ausencia.
Apretaba o teu corpo ao sentir quente o vento
no xiro lento e grácil.

E fóronse caíndo a púrpura e o armiño,
a túnica de pérolas,
as sedas esvarantes,
o cendal serpentino,
a malla que finxía a propia carne,
o derradeiro veo...

E tamén fun eu deusa,
a deusa engadelada pola morte...

Pedín a túa vida e rexeitei un reino.

Os teus labios arelan a voz enmudecida,
os teus ollos anubran o espello dos meus ollos,
na túa boca calaron as serpes iracundas...

Agora, beixareite.


Miguel González Garcés